


TERROR EN LA MADRUGADA
Carlos López Véliz
La inseguridad volvió a golpear con fuerza y dejó una escena digna de una película, pero con protagonistas reales y consecuencias que pudieron ser trágicas. Pasadas las 2:30 de la madrugada, un precoz delincuente de apenas 16 años sembró el pánico tras protagonizar un violento arrebato contra una joven en jurisdicción de la Comisaría Tercera, justo cuando la víctima descendía de un colectivo.
El asalto fue rápido y brutal: el adolescente le arrebató el teléfono celular y escapó de inmediato a bordo de un Renault 9 en evidente estado precario. Sin embargo, lo que parecía un hecho más de inseguridad derivó en una persecución de alto riesgo que mantuvo en vilo a toda la comunidad.
Las cámaras del sistema de monitoreo SAE-911 detectaron la maniobra y alertaron a la Policía, desatando una intensa persecución por avenida Presidente Castillo. En su desesperada huida, el menor tomó rumbo hacia el Camino de la Virgen y luego ingresó a la zona de la costanera del río El Valle, en el departamento Valle Viejo.
En ese contexto, efectivos de la Comisaría de San Isidro destacaron el accionar preventivo durante el operativo de retén, ya que previamente se había advertido que al mando del vehículo se desplazaba una persona con la aparente silueta de un niño. Ante esta situación, los uniformados aseguraron que se extremaron todos los recaudos y protocolos para evitar consecuencias mayores, priorizando la integridad física tanto del sospechoso como de terceros.
Aun así, en una maniobra temeraria y sin medir consecuencias, el menor atropelló a dos motociclistas, quienes afortunadamente no sufrieron heridas de gravedad. Lejos de detenerse, continuó su alocada carrera hasta que terminó impactando contra el portón de una vivienda en un pasaje del barrio La Hermita.
Pero ni siquiera el choque lo frenó. El joven descendió del vehículo y escapó a pie, trepando por los techos de varias viviendas en un intento desesperado por evadir a los efectivos. Finalmente, tras un intenso operativo, fue reducido y detenido.
La sorpresa llegó después: el detenido era un adolescente de 16 años recién cumplidos el pasado fin de semana, quien además ya contaba con antecedentes delictivos.
A pesar de la gravedad del hecho, y en una decisión que genera indignación, el menor recuperó la libertad en horas de la mañana.
Como saldo, se logró recuperar el teléfono celular sustraído y, milagrosamente, no hubo que lamentar víctimas con lesiones de gravedad, pese al altísimo riesgo que implicó la persecución.
El episodio vuelve a encender el debate sobre la inseguridad, la reincidencia juvenil y la respuesta del sistema ante hechos cada vez más violentos protagonizados por menores.


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