


EL CASO QUE CONMOCIONÓ A CATAMARCA
Carlos López Véliz
La investigación comenzó con dos asesinatos ocurridos en una vivienda del departamento La Paz. Lo que parecía un crimen común terminó destapando una organización dedicada a la producción y estiramiento de cocaína con conexiones en Bolivia, Salta, Mendoza, Tucumán y Buenos Aires.
Uno de los expedientes criminales más impactantes de la historia judicial de Catamarca volvió a ocupar un lugar central en los tribunales. A más de una década de los hechos, comenzó el juicio contra José Luis García Coronado, alias "Chato", señalado por la Justicia Federal como una pieza clave dentro de la estructura narco que operaba desde una cocina clandestina de cocaína instalada en la localidad de Icaño.
La causa tiene un origen tan violento como inesperado. Todo comenzó cuando la Justicia provincial investigaba un doble homicidio ocurrido en una vivienda de esa localidad del departamento La Paz. En el lugar, un hombre había sido asesinado a puñaladas y una mujer ejecutada de un disparo en la cabeza.
Pero al ingresar a la propiedad, los investigadores descubrieron algo mucho más grande que un crimen de sangre.
La cocina de cocaína detrás de los asesinatos
Entre los elementos secuestrados aparecieron sustancias químicas, precursores, elementos de corte y documentación comercial que evidenciaban la existencia de una cocina clandestina destinada a la producción y estiramiento de cocaína.
Ese hallazgo cambió por completo el rumbo de la investigación y motivó la intervención de la Justicia Federal.
A partir de remitos, guías de transporte, documentación comercial y otros elementos secuestrados, los investigadores reconstruyeron una compleja red de abastecimiento que unía Catamarca con Salta, Mendoza, Tucumán, Buenos Aires e incluso Bolivia.
Según la acusación, la organización obtenía sustancias químicas y precursores que luego eran trasladados hasta Icaño, donde se realizaban procesos vinculados a la fabricación y acondicionamiento de estupefacientes.
Una red con conexiones internacionales
La Fiscalía sostiene que García Coronado integraba la organización junto a los hermanos Barakat Barakat y Fadel Barakat, comerciantes radicados en la ciudad fronteriza de Salvador Mazza, Salta.
La ubicación estratégica de Icaño, conectada por la Ruta Nacional 157 con varias provincias del país, habría sido uno de los factores determinantes para instalar allí el centro operativo de la organización.
Para los investigadores, la estructura tenía capacidad logística para mover sustancias químicas, distribuir insumos y ocultar el verdadero destino de los productos adquiridos.
La acusación también vincula la maniobra con operaciones relacionadas con la denominada "ruta de la efedrina", una de las investigaciones narco más resonantes de Argentina.
El único que faltaba sentar en el banquillo
Mientras los hermanos Barakat fueron condenados en 2018 a 12 años de prisión por su participación en la fabricación de estupefacientes, García Coronado logró permanecer prófugo durante años.
Recién en 2023 fue localizado y detenido, permitiendo que finalmente la Justicia avanzara con el juicio que comenzó esta semana.
Durante su declaración, el acusado negó cualquier participación en los hechos y aseguró que residía en Bolivia al momento en que funcionaba la cocina clandestina.
"Soy totalmente ajeno a los hechos", sostuvo ante el tribunal, argumentando que únicamente conocía a los hermanos Barakat y que esa relación fue utilizada para involucrarlo en la causa.
El expediente que marcó una época
Para muchos investigadores judiciales y policiales, el caso Icaño representó un antes y un después en la lucha contra el narcotráfico en Catamarca.
Lo que comenzó como una investigación por un doble homicidio terminó revelando una organización criminal que operaba en varias provincias y que utilizaba territorio catamarqueño como punto clave para el procesamiento de cocaína.
Hoy, más de 16 años después de aquellos hechos que conmocionaron a la provincia, el juicio a García Coronado busca cerrar uno de los capítulos más oscuros de la historia criminal catamarqueña, una causa donde la sangre derramada en una vivienda de Icaño terminó exponiendo una red narco que operaba en las sombras y que trascendía ampliamente las fronteras provinciales.



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