
PUDO SER UNA TRAGEDIA UNA MOTOCICLISTA CASI MUERE AHORCADA POR UN CABLE SUELTO.
Carlos López Véliz El hecho se reportó tras el alta medica de la desafortunada motociclista que casi termina en tragedia.
Alrededor de las 14:20, una joven que circulaba en su motocicleta por la intersección de avenida Latzina y Ministro Dulce fue violentamente interceptada por un cable cortado que colgaba a baja altura, el cual se le enganchó en el cuello y estuvo a punto de ahorcarla.
La motociclista, que llevaba casco, cayó pesadamente sobre la cinta asfáltica, sufriendo lesiones de consideración. De milagro, el episodio no terminó en una muerte.
La joven fue asistida en primera instancia por transeúntes ocasionales, hasta la llegada del SAME y personal policial, quienes la trasladaron para recibir atención médica.
El reclamo desesperado de una madre
Nancy Elizabeth Osores, madre de la víctima, solicitó públicamente la colaboración de la comunidad para identificar a las personas que auxiliaron a su hija y para obtener registros de cámaras de seguridad de la zona que permitan reconstruir el hecho.
Pero más allá del pedido solidario, el caso vuelve a poner sobre la mesa una problemática recurrente, conocida y peligrosamente ignorada.
Cables sueltos, riesgos constantes y cero control
El episodio no es un hecho aislado. La Capital y localidades del interior presentan un escenario caótico en el espacio aéreo urbano, colapsado por tendidos de cables de empresas de telefonía, internet, energía y servicios varios, muchos de ellos en desuso, cortados o colgando peligrosamente sobre calles y avenidas.
La falta de inspección, mantenimiento y sanciones ejemplificadoras por parte de los organismos responsables convierte a la vía pública en una trampa mortal, especialmente para motociclistas y ciclistas.
Antecedentes gravísimos
Los antecedentes son alarmantes y ya deberían haber provocado acciones urgentes:
Una integrante de Bomberos Voluntarios de Fray Mamerto Esquiú sufrió múltiples traumatismos y graves quemaduras en el cuello tras quedar enlazada por un cable.
En Polcos, Valle Viejo, un motociclista protagonizó un hecho similar en los primeros días de enero.
En la Capital, los accidentes por cables sueltos son innumerables y, en muchos casos, no terminan en tragedia solo por milagro.
Las víctimas, en su mayoría, quedan con secuelas físicas graves, mientras nadie asume responsabilidades y los actores obligados a controlar, inspeccionar y sancionar siguen mirando hacia otro lado.
¿Cuántos accidentes más hacen falta?
La pregunta es inevitable:
¿Cuántas personas más deben resultar heridas —o morir— para que el Estado municipal actúe?
Mientras no existan controles reales, multas severas y responsabilidades claras, el peligro seguirá colgando sobre las calles, esperando a la próxima víctima.


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